– ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento!
– Sea por siempre alabado, Adso. Veo que has cambiado tu
salutación inicial.
– Estoy embarcado en una campaña contra la blasfemia, fray
Guillermo.
– Me parece un empeño muy loable. Siempre que se escupe al
cielo, el escupitajo cae sobre la cara del blasfemo. ¿Y qué extensión tiene esa
campaña?
– No entiendo, maestro.
– Te explico. ¿Es una campaña contra la blasfemia a Cristo,
o contra la blasfemia en todas las religiones?
– ¿Qué me importa a mí las demás religiones? Fuera de la
Iglesia no hay salvación.
– Esa no es una actitud cristiana. Fue dicho: “¿Qué mérito
tiene amar a tus amigos? Lo verdaderamente meritorio es amar a tus enemigos”.
– Vamos ¡me vas a decir que debo luchar contra los que
insultan a Mahoma!
– En verdad, en verdad te digo que debes luchar contra todos
los que insultan a cualquier persona. Y si la persona insultada está
considerada como enviado de Dios por millones de seres humanos, con mayor
motivo.
– ¿Defender yo a Mahoma? ¡Hasta ahí podíamos llegar! Sus
enseñanzas han provocado matanzas, atentados, terrorismo.
– ¡Cuidado Adso! No te lances a desarrollar una
argumentación que no sabes a dónde te podrá conducir.
– ¿Acaso no es cierto que las enseñanzas de Mahoma han dado
como consecuencia el terrorismo de Al Qaeda?
– Sí. En la misma medida que las enseñanzas de Cristo han
dado como consecuencia las Cruzadas, la Inquisición y las guerras de religión.
– No es lo mismo.
– Claro que no. Como las enseñanzas de Cristo son verdaderas,
que mueran algunos por ellas no tiene importancia. "Matadlos a todos que
Dios conocerá a los suyos".
Son daños colaterales. Pero como las de Mahoma son falsas no
se les puede permitir que se pasen ni un milímetro. ¿Es eso lo que ibas a
decir?
– Algo parecido. Entonces ¿pones al mismo nivel al
cristianismo y al islamismo?.
– Al mismo, pero te falta otra de las grandes religiones
monoteístas: el judaísmo. Cuando Yahvé concedió la Tierra Prometida a los
judíos, cometió dos errores. En primer lugar no hacerlo por escritura pública
convenientemente registrada, para que todo el mundo tuviese constancia de esa
donación. Y en segundo lugar, no haber dado el preaviso de desahucio a los
legítimos propietarios de esta tierra para que la desalojaran en un plazo de
quince días.
– Maestro, por favor ¡Yahvé acudiendo a una notaría y
mandando a un agente judicial para desalojar a los palestinos! ¡Es ridículo!
– Por haber hecho un contrato privado entre Él y su pueblo
tienen hoy en esa región los problemas que tienen. En cuanto a lo del agente,
ya se encarga el ejército israelí de esa misión.
– Las religiones tienen algunas cosas malas.
– Las religiones tienen muchas cosas malas. Ya se pueden
desgañitar Cristo, Mahoma o Yahvé proclamando el amor a los demás, la justicia,
la verdad. Sus fervorosos seguidores no harán ningún caso a sus mandamientos y
se dedicarán a lo que más les gusta: a enriquecerse y a pelearse los unos
contra los otros con el pretexto de la religión.
– Volvamos a la blasfemia. ¿A ti te molesta que insulten a
Mahoma?
– A Mahoma, a ti, al vecino de enfrente. Me molesta que
alguien insulte a cualquiera. Y en este caso no sólo me molesta; me da muy mala
espina.
– ¿A qué ideas le está dando vueltas tu mente maquiavélica?
– ¿Por qué esa turba exaltada que se manifiesta en tantos países
no salieron cuando se descubrieron las torturas en Abu Ghraib, cuando se
publicaron las fotos de los militares de EEUU orinando sobre los cadáveres de
civiles afganos?.¿Por qué no se manifestó esa misma indignación contra Guantánamo
o las cárceles que la CIA tiene abiertas en todo el mundo?.
– Porque se atacaba a la figura del profeta de Alá.
– ¿Seguro? Dos misteriosos personajes cuyos nombres
verdaderos no sabemos, hacen no ya una película, sino un tráiler de una
película aprovechando material filmado de una película anterior, que dicen a
los actores se llamará primero “Guerreros del desierto” y posteriormente “La
inocencia de Bin Laden”. En la promoción de ese tráiler están implicados
judíos, coptos y pastores fundamentalistas cristianos. Aparece entre los miles
de vídeos que se publican diariamente en Internet y ¡oh milagro!. Al día
siguiente treinta países musulmanes se levantan en armas, arden las embajadas,
muere un embajador y se organiza el lío.
– Visto así, no parece muy creíble.
– Visto de todas las maneras, no parece muy creíble. Lo
mismo que no es creíble que un mulá musulmán acuse a una pobre niña hindú,
analfabeta y con síndrome de Dow de quemar el Corán, o que “artistas” intenten
conseguir fama haciendo composiciones insultantes con la figura de Cristo, que
un fanático se líe a tiros en un templo sikh, o que un pretendido pastor
norteamericano base su publicidad en insultar a las demás religiones. ¿Eso es
lo que predican las religiones? ¿Se hacen esas acciones a la mayor gloria de
Dios?
– Evidentemente no. Pero me interesa la idea que has expuesto de que era
algo preparado.
– El asalto al consulado de Bengasi había sido preparado con mucha
anticipación. Y coordinar una manifestación tan multitudinaria en países tan
atrasados tecnológicamente debió llevar semanas.
– Entonces tú no crees en lo de la manifestación espontánea para castigar a
Occidente.
– Mira Adso, Occidente se ha ganado a pulso el odio de los países
musulmanes durante mucho tiempo. Pero si los países musulmanes quisieran
castigarlo tienen en su mano un arma mucho más potente, que hace más daño sin
necesidad de piedras o cerillas. Les cortan el suministro de petróleo. Entonces
verías como se terminaban las provocaciones inmediatamente.
– Pero Occidente no puede hacer eso. La libertad de expresión es sagrada.
– ¿Has visto las tetas de la duquesa de Cambridge?
– ¡Maestro, por favor!
– No, no las has visto, porque para eso no hay libertad de expresión.
Tampoco has visto el culo del príncipe Enrique en Las Vegas, porque las fotos
que han publicado los periódicos sensacionalistas han tenido que hacerse con
unos figurantes. Tampoco has visto los vídeos de los soldados estadounidenses
agrediendo sexualmente a mujeres iraquíes. Bradley
Manning, el soldado que filtró documentos a Wikileaks, está en prisión acusado
de filtrar documentos que ponen en peligro la seguridad nacional. Y esta
estúpida provocación, que sí pone en peligro la seguridad de Occidente, sí debe
difundirse por todo el mundo.
– Entonces…¿Qué original
explicación da tu retorcida mente a todo esto?
– Mi explicación no
va a ser nada original. Es la explicación que daban los antiguos romanos: “Cui
bono?” ¿A quién beneficia todo esto? ¿Quién quiere que a menos de mes y medio
de las elecciones norteamericanas se asalten las embajadas estadounidenses, se
asesinen norteamericanos y todos piensen que el actual presidente Barak Hussein
Obama no es capaz de imponerse a los países musulmanes?.
– Se me ocurre un
nombre, pero no me atrevo a decirlo. Ni siquiera amparándome en la libertad de
expresión.
– ¿Por qué,
incansable defensor de las libertades?
– Porque todo apunta
a un culpable americano, blanco y mormón, no a una guerra de civilizaciones.
– Las civilizaciones
podrán apedrearse de vez en cuando, pero en lo referente al petróleo existe
entre ellas una indisoluble alianza.
– Maestro ¿pero
existe todavía la idea de “La alianza de civilizaciones”?
– Por supuesto.
Existe y cada vez está más boyante. Hoy mismo un gran líder español la está
defendiendo ante la Asamblea General de la O.N.U.
– ¿Un español?
¿Quién?
– Don Mariano Rajoy.
– ¡Apaga y vámonos!.

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